Viaje a Camboya

 

“Artículo de un viajero nuestro tras visitar Camboya este verano”

 

Tras más de 40 años recorriendo los seis continentes, uno podría pensar que ya lo ha visto todo o que pocas cosas pueden llegar a sorprenderle. Sin embargo, mi reciente travesía por Camboya ha echado por tierra cualquier prejuicio. A menudo, el Sudeste Asiático se percibe como un destino desafiante, especialmente cuando surgen miedos injustificados sobre la seguridad o la logística. Mi experiencia ha demostrado que viajar a Camboya es seguro, maravilloso y, sobre todo, totalmente accesible, incluso cuando este año el destino me obligó a realizar el itinerario con muletas y silla de ruedas. Detrás de este éxito rotundo solo hay una palabra: perfección, alcanzada gracias al trabajo conjunto de la agencia, Viajar a la Carta y la agencia local.

Desde el momento en que puse un pie en el aeropuerto de Phnom Penh, la organización fue impecable. Un guía, Daniel, y un chofer, Sien, me esperaba para trasladarme al hotel, marcando el inicio de una logística que no dejó nada al azar. Camboya no es solo un país de templos; es una nación modelada por el agua y la historia. La capital, situada en la confluencia de los ríos Mekong y Tonlé Sap. Acompañado por Daniel, nuestro guía, pudimos visitar el Palacio Real y la Pagoda de Plata, que alberga el Buda de Esmeralda, respetando siempre las normas de vestimenta locales. A pesar de mis limitaciones de movilidad, la sensibilidad del equipo permitió que la visita al Museo S-21 (Tuol Sleng) y a los Killing Fields fuera profunda y fluida, permitiéndonos comprender las cicatrices de la historia reciente de los Khmers Rojos.

El itinerario diseñado por Viajar a la Carta nos llevó más allá de las rutas habituales, adentrándonos en la ecología del noreste. En Skun, fuimos testigos de la curiosa economía local basada en la venta de insectos, antes de cruzar en ferry hacia la isla de Koh Trong. Recorrer esta isla en el Mekong, con sus plantaciones de pomelos y árboles de más de 500 años, fue como detener el tiempo. La seguridad en los traslados y el cuidado en cada detalle de accesibilidad fueron constantes, permitiéndome incluso disfrutar del avistamiento de los raros delfines del Irrawaddy en el Parque Nacional de Kratie.

La etapa en Ratanakiri fue una lección de geología y antropología. Visitamos el lago Yeak Loam, un cráter volcánico de aguas cristalinas, y conocimos de cerca a las minorías Tampuan y Kachak, cuyas tradiciones animistas y tótems funerarios ofrecen una visión única de la diversidad camboyana. Todo ello se gestionó con una maestría tal que las muletas no fueron un impedimento para conectar con la esencia del "Mar de Lava".

La evolución arqueológica del país se desplegó ante nosotros de forma magistral. Antes de llegar a los grandes iconos, exploramos Sambor Prei Kuk, la capital del reino de Chenla en el siglo VII, cuyos templos de ladrillo rojo están abrazados por raíces centenarias. La logística impecable de Viajar a la Carta nos permitió alcanzar la gran pirámide de Koh Ker y maravillarnos con las "filigranas" de Banteay Srei, esculturas sobre piedra arenisca que parecen obras de orfebres más que de canteros.

Llegar a Angkor fue, por supuesto, el clímax del viaje. La majestuosidad de Angkor Wat, el templo religioso más grande del mundo, y la enigmática ciudad de Angkor Thom, fundada por Jayavarman VII, son testimonios de una civilización excepcional. Ver cómo la piedra se fusiona con la naturaleza en Ta Prohm es una experiencia que todo viajero debería vivir. Gracias a la organización, incluso las zonas más complejas fueron accesibles, permitiéndome disfrutar de cada rincón de este Patrimonio de la Humanidad sin preocupaciones.

   

El viaje concluyó explorando la técnica y la resiliencia en Battambang. El famoso Tren de Bambú (o norry) es un testimonio vivo del ingenio local para superar la falta de infraestructuras. La jornada terminó en las cuevas de Phnom Sampheu, donde millones de murciélagos emergen al atardecer en un espectáculo natural sobrecogedor que invita a la reflexión sobre el ciclo de la vida y la historia. También tuvimos tiempo para ver las casas sobre palafitos de Kampong Chhnang y la antigua capital de Udong, centro político tras la caída de Angkor.

En definitiva, Camboya me ha regalado una experiencia que rompe barreras físicas y mentales. A mis 59 años de viajes por el mundo, puedo afirmar que Viajar a la Carta es el estándar de oro de la industria turística. Gracias por demostrar que el mundo sigue siendo un lugar accesible y maravilloso para quienes, a pesar de las muletas, mantenemos el corazón abierto a la aventura. Gracias de todo corazón.

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